IGNACIO FERNÁNDEZ

La seguridad psicológica como base del despliegue en la vida y el trabajo

John Bowlby, psicoanalista inglés, fue quien a fines de los años 60 crea las bases de la Teoría del Apego, enfatizando la centralidad de la relación entre madre e hijo como base de la salud mental del niño.

Investigaciones posteriores estudiaron los patrones de apego en adultos, llegando a la conclusión que la seguridad psicológica es el resultado de una relación afectiva confiable y cercana, en cualquier edad.

Lo que sucede con los niños también ocurre en los adultos: necesitamos figuras de apego para desplegarnos con confianza y efectividad. Movernos sanamente en el mundo se hace desde lo afectivo y la certeza de los vínculos.

Las emociones son las que operan como amplificadores o inhibidores de nuestras capacidades cognitivas y técnicas, siendo una palanca clave de la efectividad personal y grupal. Las emociones individuales y colectivas determinan la calidad de los resultados.

“Los seres humanos encuentran mayor felicidad y son capaces de utilizar al máximo sus recursos cuando tienen a alguien de confianza que los sostiene” John Bowlby

Inés di Bártolo, en su libro “El Apego”, concluye que las condiciones para crear seguridad psicológica son la sensibilidad interpersonal a la presencia y necesidades de los otros, la disponibilidad para ayudarles en satisfacer esas necesidades y la capacidad de dar una respuesta efectiva ante ello (responsividad).

La seguridad psicológica tiene dos funciones: opera como un refugio protector ante los dolores, problemas y lo difícil de la vida; y funciona como plataforma de despliegue en el mundo, generando autonomía y confianza en la propia acción. Aplica igual para los hijos, la pareja, los compañeros de trabajo o los colaboradores.

Edgar Schein y Warren Bennis, del MIT, pensaron que la seguridad psicológica podía jugar un rol clave en los equipos de trabajo. Plantearon que es esencial que las personas nos sintamos seguras y capaces en el trabajo para orientar nuestro desempeño al logro de los desafíos organizacionales.

Hay suficiente evidencia de la centralidad de la seguridad psicológica en el trabajo. Amy Edmondson, académica estadounidense y profesora de liderazgo en la Escuela de Negocios de Harvard, ha descrito los efectos de la seguridad psicológica en los equipos de trabajo, enfatizando que permite correr riesgos para lograr las metas colectivas, canaliza el desempeño, amplifica la capacidad de aprendizaje y permite sacar la voz en el trabajo, contribuyendo desde las propias fortalezas.

El estudio Aristóteles de Google concluyó que las cinco dinámicas claves de los equipos extraordinarios son la seguridad psicológica (¿pueden los miembros del equipo asumir riesgos en su equipo sin sentirse inseguros o avergonzados?), la confianza (¿pueden contar unos con otros los miembros del equipo para realizar un trabajo de alta calidad a tiempo?), la estructura y claridad (¿están las metas, roles y planes de ejecución del equipo claros?), el significado del trabajo (¿trabaja cada uno de los miembros del equipo en algo que es importante a nivel individual para ellos?) y el impacto del trabajo (¿creen los miembros del equipo que el trabajo que realizan importa realmente?)

De estos cinco factores el más determinante es la seguridad psicológica, que definieron como la creencia compartida por los miembros de un equipo de que el propio equipo les ofrece seguridad a nivel interpersonal para poder asumir riesgos. Es tener la confianza de que el equipo no va a avergonzarte, despreciarte o castigarte por hablar. Consigue un clima en el equipo caracterizado por la confianza interpersonal y el respeto mutuo y en el que sus integrantes están cómodos siendo como son.

La evidencia empírica sobre seguridad psicológica en el trabajo muestra que mejora el desempeño, acelera el aprendizaje, optimiza el intercambio de ideas, destraba el flujo de información, aumenta la disposición a discutir los errores, facilita la entrega y recepción de feedback, permite sacar la voz, incrementa la percepción de satisfacción y se evidencia a nivel local.

Más que construir organizaciones seguras (a muchos esos nos queda muy lejos) es necesario crear equipos seguros, esos que están en mi espacio de acción e influencia.

En entornos inseguros, tóxicos u hostiles las personas nos replegamos, cuidamos nuestro yo, el cerebro se defiende de la amenaza externa y reducimos nuestro trabajo al mínimo operante no despedible. Lo primero es la conservación de la propia identidad.

¿Habías pensado que la seguridad psicológica es el factor central para la efectividad de los equipos y que la inseguridad puede provenir de cualquier persona que maltrate, se burle o avergüence a otros, independientemente de su cargo?

Cada uno tiene la enorme responsabilidad de crear entornos seguros, en cualquier espacio interpersonal en que estemos, ya sea la pareja, la familia, los amigos o el trabajo. Así nos sentimos mejor, vivimos la experiencia del encuentro y podemos ofrecer y entregar lo mejor de nosotros mismos, para vivir una vida tranquila y efectiva.

La seguridad psicológica es fundamental para crear la red de relaciones, el entramado interpersonal que nos dará tranquilidad, pertenencia y confianza para colaborar con otros tras propósitos compartidos. El desempeño extraordinario y el bienestar emergen de una red de relaciones conectada, positiva, dialogante, segura, confiable, con metas y objetivos claros y desafiantes, en un trabajo con impacto y sentido.

 

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